Tarteso
Hay un conjunto de tópicos sobre Tarteso. Esta civilización tiene varios problemas:
-Un duro problema historiográfico que no se termina de cargar sobre los hombros.
Se tiene la imagen de un reino próspero, con una cultura civilizada, una literatura,
un rey hospitalario y una organización sociopolítica urbana. Las fuentes nos transmiten la imagen de un reino culto y desarrollado, lo que ha generado un proceso de idealización del suroeste peninsular, que ha sido comparado con las civilizaciones orientales. Esa idealización se potencia cuando se monta una "arqueología tartésica" (tesoro de Villena, del Carambolo, cerámica fenicia y griega, etc...) Esa imagen de Tarteso ha perdurado hasta hoy. Más allá del avance real de la arqueología tartésica, determinadas preconcepciones han marcado la historia de
Tarteso. La arqueología a partir de los años 80 ya buscaba no solo objetos de lujo, sino otras evidencias de la "civilización" de Tarteso. La arqueología ha avanzado mucho, pero la obsesión de definir los parámetros de una civilización secular sigue presente. Debería relacionarse Tarteso con otras zonas de la Península. Tarteso no es más que una protourbanización que es consecuencia de la prosperidad generada por la demanda de productos orientales. Tarteso es un elemento relativamente aparte. Es posible que en realidad sea un proceso de protourbanización fenicia.
Solo hasta tiempos recientes se está replanteando el paradigma clásico de Tarteso. La visión de Tarteso estaba basada en la documentación escrita. El problema es
que en la expansión tartésica no se cambiaron los esquemas de búsqueda de la ilustre civilización. En el caso de Tarteso es que es una de las pocas areas protohistóricas de las que tenemos documentos históricos. Básicamente, son informaciones de historiadores y geógrafos grecolatinos. La ventaja es que las fuentes escritas le daban un cierto soporte histórico a un área determinada de la Península Ibérica. Sin embargo, era muy fácil dejarse atrapar por el encanto de las
fuentes escritas. La clave de esa idealización está en una documentación bastante sesgada. Si analizamos el periodo de Tarteso, vemos que es estudio de los protohistoriadores. La poca comunicación entre los diversos campos de estudio ha sido una constante. Los historiadores deben de combinar la documentación literaria y la arqueología.
Las fuentes escritas sobre Tarteso son heterogeneas, porque la Península Ibérica empieza a ser foco de atención de las comunidades mediterraneas, debido a su inclusión en los círculos económicos del Mediterraneo. El carácter periférico ha hecho que la documentación escrita sea más dispersa y heterogenea. Hay un grueso de documentación asociada a Tarteso que es de carácter mítico-poético, el cual asocia la Península Ibérica y Tarteso con determinados heroes, como Briareo, Heracles, con los nostois, con los argonautas, etc... Se puede rastrear un vector arcaico. No se pueden leer estos mitos con afán historicista. Si van creando una topografía alrededor de los mitos es por algo. Para que un componente se literaturice tiene que haber un fuerte vector de tradición oral. Han tenido que pasar muchos siglos para que las historias de Heracles se conviertan en una saga popular y digna de ser escrita. Ese conjunto de asociaciones míticas nos está diciendo mucho más que una elucubración erudita. Reconoce una importante presencia helena, que se traduce en un componente religioso. Toda la topografía mítica esconde una importante presencia helena en todo el Mediterraneo. La fuente
escrita más antigua sobre el sur peninsular es la obra de Hecateo, en el siglo VI a.C. Frente al historicismo de las informaciones míticas tenemos usar la posibilidad de la incorporación de la Península Ibérica en los círculos comerciales del Mediterraneo. No hubiera aparecido Tarteso en el mundo griego si no fuera por la interpretación mítico-poética de las relaciones comerciales entre griegos e indígenas. En el contexto de una lectura histórica, se puede explicar la introducción el Historia de Tarteso, entendiéndolo como una realidad peculiar respecto al resto de regiones de la Península. Así lo entendió Heródoto en sus Historias. Buena parte de lo que se dice sobre Tarteso es una lectura contemporanea perteneciente al capítulo II del libro III de la geografía de Estrabón. A ojos griegos, Tarteso era una realidad genuina. Heródoto es un hombre que recoge historias de carácter oral y su pasaje sobre Tarteso es el típico texto de heroización del circuito comercial, cuyo protagonista (Coleo de Samos) tiene signos de heroización.
Tarteso es el resultado de una serie de factores que se resuelven en la incorporación de la Península dentro de los circuitos comerciales del Mediterraneo.
El aumento de la demanda de armas de bronce procedente del Mediterraneo Oriental explica el resurgir del sur peninsular. Sus precedentes están en el comercio micénico y chipriota. El problema de las cronologías varía en el caso de Tarteso. La cronología de la colonización fenicia se puede llevar hasta el siglo IX-X a.C. Se habla de un emporio comercial fenicio en un poblado tartésico cuya antigüedad llega hasta el siglo IX a.C, lo que lo hace contemporaneo de los yacimientos de la ría de Huelva. Esto hace retrasar hasta fechas muy tempranas al Tarteso histórico (Tarteso orientalizante). Por eso la investigación se mueve en la incertidumbre al hablar del marco histórico de Tarteso. Es difícil saber cuando se origina la cultura tartésica. Los yacimientos más antiguos (Montoro, Huelva, Setefilla) son difíciles de datar antes del siglo VIII a.C, lo que hace también que sea difícil datar una cultura tartésica preorientalizante. Volvemos a la polémica de los orígenes de Tarteso. Durante mucho tiempo, la única forma de explicar esos poblados en Tarteso fue la expansión demográfica. También se habló de una posibilidad de celtización del nombre de Argantonio, uno de los reyes míticos de Tarteso. La pervivencia en la toponimia de algunos nombres es un factor que habla de un posible poblamiento celta, pero los planteamientos son débiles. Nadie con sentido común habla de la existencia de los celtas en el suroeste peninsular.
La cultura preorientalizante es una cultura no tartésica, sino peninsular, ya que su cerámica está extendida en el conjunto de la Península. Destacan piezas de decoración geométricao esquemática que recuerdan ligeramente al Geométrico griego. Cuando hablamos de de presencia oriental, hablamos en términos generalers. Esa es la forma de explicar las alusiones de los mitos griegos en la Península. El periodo tartésico histórico hay que llevarlo hasta el 800 a.C, cuando la presencia fenicia está consolidada. A causa del comercio existente entre el Mediterraneo Oriental y la Península, se han encontrado materiales de origen peninsular en Cerdeña. Se habla de de un posible origen ibérico de los sículos (habitantes de Sicilia). En la arqueología siciliana es una constante ese origen ibérico. Lo demuestra todo esto es una situación dinámica donde el punto central se haya en las islas del Mediterraneo.
Se dice que los fenicios vinieron a la Península por la plata, lo que evidencia una lectura bastante superficial de la colonización. Evidentemente, en una zona de riqueza agrícola tan enorme, los fenicios no solo vendrían a por la plata. Los fenicios vendían cerámica a las élites tartésicas. Este comercio impulsó una división social del trabajo y una estratificación social. El desarrollo del comercio introduce determinadas innovaciones que afectan a la estructura social y política. A partir del siglo VIII a.C se generaliza el uso del hierro, del cultivo de la vid y del olivo, la aparición del asno, de la gallina y de un urbanismo que dará lugar al surgimiento de palacios. El elemento activo de este proceso es el fenómeno colonial. Sin embargo, el estudio de la colonización también se ha visto ensombrecido por los tópicos, puesto la imagen que se tenía del indígena peninsular era de un individuo que desconocía el valor de los metales y que se conformaba con un intercambio desigual , siendo vislumbrado por el fenómeno colonial.
El problema de este planteamiento es que la arqueología lo niega, ya que no está sacando a la luz una cultura orientalizante homogenea, sino que describe unos fenómenos de aculturación heterogeneos. La visión del Tartesos mítico también estaba fundamentada en la arqueología, la cual estaba basada en los trabajos del arqueólogo alemán Schulten y que buscaba solo los objetos suntuarios de origen oriental. La realidad es bastante heterogenea. Los indígenas utilizaban cerámica oriental y a torno. Eso significa que ese fenómeno de aculturación no funciona de manera automática. Son dos historiadores españoles los que empezaron a plantear modelos de investigación de Tarteso distintos a los utilizados por Schulten: Jaime Alvar y Carlos González Wagner. Éstos dos estudiosos dijeron que los fenicios buscaron tierras en donde poder asentar al excedente de población generado en Fenicia y poder combatir la superpoblación de la franja sirio-palestina. Hablaron de una posible instalación de los fenicios en el interior. Esto provocará un proceso de aculturación que llevará a la asimilación de la cultura semítica por parte de las poblaciones indígenas. Hasta época de Augusto, las influencias culturales en la Península Ibérica fueron, ante todo, semitas. Ya dijo Estrabón que el sur peninsular fue dominado por los fenicios. El artículo de Álvar y González Wagner fue muy criticado, pues reinterpretaba la presencia fenicia. Hoy en día, la hipótesis está empezando a ser tenida en cuenta, sobre todo al tener un planteamiento de larga duración. Cuando se excava un yacimiento es posible que haya gran canitidad de material fenicio. Es imposible, sin embargo, que el tartésico antes de la llegada de los fenicios no tuviese nada ni creyera en nada. Hasta los años 80 se buscaban los restos de aculturación fenicia en el sur peninsular, pero los indígenas no aceptaron toda la influencia oriental de la noche a la mañana. Es posible que en las necrópolis indígenas. la incineración no solo sea un proceso de aculturación, sino un asentamiento de pobladores semitas. La complejidad del mundo tartésico está influida por por una organización territorial y social donde conviven indígenas y fenicios.
El asentamiento de campesinos, artesanos y comerciantes orientales en Tarteso tuvo que perdurar la interacción entre las comunidades que produce el Tarteso orientalizante. Evidentemente, la aceleración de la economía a partir del siglo VIII a.C tuvo que producir en las comunidades cambios económicos y sociales considerables. El problema de estas sociedades es que tenemos que formular diversas hipótesis debido a la falta de documentación escrita y arqueológica. El fenómeno es bastante llamativo. La cerámica a torno empieza a equilibrarse con la de a mano. Las viviendas circulares y con techumbre a caña se convierten en cuadradas, produciéndose un incipiente urbanismo y se observan cambios en las estructuras de poder. Lo que más se escapa es el proceso de cambios políticos.
Sociedad tartésica
Se ha interpretado que la sociedad tartésica es una sociedad donde habría una superestructura política aristocrática de tipo celta que sometía a una población autóctona. Hoy no se mantiene esta teoría. Nos encontramos con aldeas estructura social aristocrática y basada en los lazos de parentesco. Lo que cohesiona a esa comunidad es el sentirse miembros de la misma por tener un origen común. Las jerarquías funcionan por motivos de prestigio religioso, por edad o por la guerra. Sobre esa sociedad intervinieron elementos que afectaban a ese equilibrio social, como la acumulación de riqueza, que dieron la necesidad de la diversificación del trabajo por la demanda del comercio, lo que termina derivando en el control de los excedentes por parte de unas minorías, lo que dará lugar a la aparición de sociedades de jefatura. Estas circunstancias internas y externas posibilitaron cambios de tipo político, económico y social que darán lugar a sociedades protourbanas en el sur peninsular. Eso se puede ver en las necrópolis tartésicas jerarquizadas. Hablamos de sociedades más diversificadas que en algunas zonas constituyen comunidades mixtas con los fenicios. Las sociedades de jefatura pueden venir por prestigio de tipo militar o guerrero y que, en principio, no choca con el principio de parentesco clasificatorio. Esto explica que los historiadores griegos hablaran en de una "monarquía tartésica" apoyada en una cierta homogeneización cultural del sur peninsular. Debió de existir algún poder político consensuado entre las diversas comunidades. Sin embargo, esto no es seguro.
Poblamiento de Tarteso
En el área tartésica el poblamiento se intensifica a partir del siglo VIII a.C. Esto responde a la cercanía de los recursos y de los lugares de tránsito. Termina articulándose en una red comercial bastante compleja. La región más occidental de Tarteso es la zona del Guadiana y del Guadalquivir. Hay un poblamiento muy denso en el Aljarafe sevillano. El desarrollo de los asentamientos están vinculados a la explotación minero-metalúrgica. En el siglo IX a.C se tiene constancia en Chiflana de un campamento temporal que explotaba una mina. Se documenta la explotación de las minas de Riotinto desde el siglo VIII a.C. Toda esta zona también es muy rica en productos agrícolas. Parece ser que la fundición de mineral se hacía en los mismos centros de explotación. Esto genera una serie de lugares de paso entre el lugar de explotación y el puerto de salida Había asentamientos mayores que dominaban el territorio y eran el centro político y económico de esa zona. La ciudad más importante es Huelva . Su estructura urbana era de estilo fenicio. La ciudad de Huelva ejercía un papel nuclear en el tráfico de intercambio entre los diversos focos de explotación de los minerales. Podría haber sido el centro de salida de los metales. El Tinto y el Odiel son navegables. Remontando el tinto se llegaba a Niebla. De Niebla se accedía a Tejada la Vieja, que fue uno de los centros de explotación agrícola de la zona. Ésta se conecta con el Guadalquivir. En el siglo IV a.C se construye en esta zona Eturqui, una gran ciudad turdetana.
Otro eje de poblamiento fue el valle del Guadalquivir. La desembocadura del Guadalquivir llega a las puertas de Sevilla. El poblamiento se concentró en las colinas de la parte occidental y en la linea de costa. Destaca Lebrija, las Cabezas de San Juan y Hasta Regia, que se ha interpretado como la antigua ciudad de Tarteso.
La ciudad más baja del valle es Coria del Río. Sevilla sería un punto de atraque debido a su situación equidistante entre las zonas altas y la del valle.
Más al Oeste, se encuentra el Aljarafe. El más conocido asentamiento de esta región es el Carambolo. Junto a Itálica hay asentamientos prehistóricos y también en el Cerro Macareno. Aguas arriba hay numerosos asentamientos (Ilipa, Celti, Axatis, Colina de los Quemados, etc...). Hay numerosos fundaciones mixtas de origen romano-indígena con un fuerte elemento semita en época romana. Más arriba destaca Moros de Montoro.
Alrededor de estos asentamientos hay diseminados asentamientos agrícolas menores ("fincas" o "cortijos"). Están dedicados a las actividades agropecuarias. Hay una serie de yacimientos alrededor del valle del Guadalquivir. Destacan Osuna, Écija o Carmona. La navegación en torno al estrecho era más fácil o difícil según la época del año. En las estribaciones de Sierra Morena se encuentra Setefilla, con una economía especializada en la cría de ganado. Lo que se produce en toda la zona es una especialización económica según las áreas. La prosperidad de esa zona no se debe solo a una demanda externa. El desarrollo de estos asentamientos de explotación agrícola o minero-metalúrgica genera mercados locales. Se dice que las estelas del suroeste marcan lugares de paso de la trashumancia. Asentamientos como Carmona o Écija conectan la vía terrestre entre el valle del Guadalquivir y la parte oriental de Andalucía.
Destaca del poblamiento tartésico:
-El desarrollo de una tupida red poblacional con especialización económica según las áreas. Desde el siglo IX a.C existe un proceso de especialización económica.
-Junto a la especialización temprana parece claro que hay una intencionalidad de control del territorio (control de los lugares propios y los de paso).
Estructura de las comunidades tartésicas
Lo que se conoce del hábitat tartésico es bien poco, porque los poblados eran de planta circular con casas con materiales perecederos. Algunas veces las casas tenían zócalos de piedra, con 5 o 6 metros cuadrados. Esta forma de hábitat se prolongaría durante todo el periodo tartésico. Destaca San Bartolomé de Almonte. Ahí tenemos un poblado con una extensión de 40 hectareas provisto con chozas, silos y hornos de fundición. La estructura de trabajo sería familiar. No hay una estructura compleja en el trabajo metalúrgico. A partir del siglo VIII a.C. se introducen cambios. Aparecen casas de planta rectangular de piedra y adobe. Este hábitat es de influencia fenicia. A partir del siglo VII a.C. se desarrollan verdaderos modelos urbanos según el esquema de las ciudades semitas. La extensión de casas rectangulares más amplias no implica que desaparezcan las chozas ovales, las cuales se reubican en la periferia de los poblados. Ahora es cuando se documentan murallas (a partir del siglo VII a.C), lo que implica que este mundo no era tan pacífico. La existencia de murallas no implica una situación inestable, sin embargo. Las murallas protegen, pero también son un elemento de prestigio y de preeminencia territorial, destacando el papel de ese lugar como hito político y geo-estratégico. Destaca Tejada la Vieja, que tiene un recinto urbano de 6 hectareas. Se construye con la misma técnica del castillo de Doña Blanca. Es posible que estuviera amurallada la antigua Huelva. Las poblaciones del valle también se amurallan (Carmona). También en Setefilla se halla una torre semicircular. Aquí tenemos el problema de considerar si estos asentamientos tartésicos son verdaderos oppida. Efectivamente, no son poblados como los ibéricos, pero si asistimos al comienzo de la iberización (concentración de la población). Buena parte de los asentamientos tartésicos continuarán en época ibérica. Tejada la Vieja tendría como máximo unas 2000 personas. El problema es que no se han excavado muchos yacimientos. Tenemos mayor documentación en las necrópolis.
Destacan las estelas del Bronce Final. Se las conoce como estelas extremeñas, porque el grueso se ha hallado en Extremadura. Son de una cronología antigua, aunque hay algunas de época tartésica. Son superficies de piedra con relieves de objetos rituales y de un guerrero. Por las imágenes que se reproducen, la panoplia es similar a las del Bronce Atántico. Algunas de estas estelas son reutilizadas en necrópolis posteriores. La interpretación convencional es que las estelas son simplemente losas de piedra que marcan el lugar de enterramiento; y como tienen una fuerte connotación oriental, se interpretan como vestigio de las primitivas comunidades tartésicas preorientalizantes. Serían sociedades aristocráticas donde los guerreros tendrían mucha importancia. Se ha pensado que el ritual funerario no deja vestigios y se arroja el cadáver a un río. Hay sociedades antiguas donde el río es un lugar de tránsito entre la vida y la muerte. No deja de ser contradictorio que se hable de un ritual que no deja vestigios y, en cambio, se conserven las estelas.
Por eso se dice recientemente que las estelas delimitaban los territorios de las comunidades.
Necrópolis del Orientalizante
Las tumbas aisladas o en grupo se incorporan al hábitat de los poblados durante el Orientalizante. Es difícil establecer un patrón común para estas comunidades. Eso se ve claramente, porque existe un tratamiento dispar para los cadáveres. Parece ser que los tartesios incineraban e inhumaban. Se consideraba que los tartesios incineraron solo a partir del Orientalizante por influencia fenicia. Este argumento en la actualidad es erroneo. Probablemente existían quemaderos comunes y las cenizas se colocaban en un hoyo junto con un ajuar. Tenemos tumbas sencillas de cremación en Hasta Regia, pero tenemos tumbas más complejas, donde el cadáver era quemado en un quemadero propio. Destaca Setefilla, Huelva, Carmona, etc... El cadáver se quemaba junto con sus mejores ropas y adornos. Éstas son sepulturas aristocráticas y pueden ser de incineración o de inhumación. Destacan los túmulos de Setefilla o la Joya, en Huelva. La necrópolis mejor documentada es la de Setefilla. Ahí se puede hacer una especie de topografía. Parece ser que hay un modelo de enterramiento colectivo. El mejor conocido es el túmulo A. Hay una cámara central donde se inhumó al personaje principal de la comunidad. En ese túmulo se produjeron 65 cremaciones. La edad media de los muertos es de unos 30 años. Los túmulos son más ricos a medida que se acercan al lugar central.
Sociedad (continuación)
Estamos en una sociedad donde el parentesco tiene importancia. La respuesta más común es un parentesco de tipo amplio. Pero el único tipo de jerarquización del espacio funerario es Setefilla. El mundo tartésico es más complejo, puesto que en él hay una importante presencia semita. En el cementerio de doña Blanca había comunidades mixtas donde la estructura social era distinta. Si hay poblaciones mixtas, la propia diversidad de las necrópolis tartésicas no hace que podamos extender esas comunidades aristocráticas al conjunto del área tartésica. En Onuba se admite la presencia semita en el siglo IX a.C. Se advierte la fuerte importancia de la religión fenicia en el interior de Andalucía (representaciones de Astarté y de Melkart). Se ha hablado de un templo de Ammón en Coria del Río. Si ya empezamos a ver santuarios y ríos en el interior de la Andalucía, habrá que cambias la perspectiva de análisis del mundo social tartésico. Se está planteando la posibilidad de hablar de presencia semita incluso en Cástulo y se están reinterpretando hallazgos como Carmona. La sociedad fenicia no es guerrera ni aristocrática, sino urbana y comercial. La evidencia de templos y sociedades religiosos fenicios revela la presencia de asentamientos mixtos en el interior de Tarteso.
Esta claro que el desarrollo de las actividades artesanales de lujo, bien o no tartésica, provoca una aculturación formal del ritual funerario, el cual muestra la evidencia de una cohabitación de fenicios e indígenas. Por eso, Estrabón hace mención al dominio fenicio en el sur peninsular. Eso explica que cuando los cartaginenses hagan efectiva su presencia militar no les cueste mucho dominar la región. La llamada semitización del Mediodía peninsular continúa hasta época augustea. Muchas ciudades republicanas se fundan sobre oppida semitizados. Los historiadores de época romana vieron en el urbanismo republicano un vestigio de la presencia semita.
Si hay que hablar de la periferia de Tarteso hay que hablar de uno de los restos más conocidos, Cancho Roano, en Badajoz. Es un edifico aislado del siglo V a.C, formado por un cuerpo de planta cuadrada, con almacenes alrededor y capillas para el culto. Se ha interpretado como un templo-palacio o un palacio redistribuidor al modo de los templos-palacios orientales. Está dividido en 3 secciones y el conjunto del edificio estaba protegido por un foso de agua y una muralla con dos torres. El edificio fue destruido por el fuego en el siglo V a.C. Un historiador llamado Sebastián Celestino Pérez lo interpreta como un santuario que, por su posición estratégica, debió tener un peso político, social y económico importante. Ese carácter aislado se explica porque puede ser un santuario. Este modelo es sacado de la propia evolución de los santuarios ibéricos. Celestino lo que hace es trasladar el análisis de los santuarios ibéricos al mundo tartésico. Las primeras interpretaciones de Cancho Roano era que éste era un templo-palacio al modo oriental. El problema es que los templos-palacios precisan de una estructura urbana desde sus orígenes. Es más fácil pensar que el desarrollo en este área de un centro de almacenamiento solo tiene visos de ser viable por tener un cierto carácter religioso. Es un espacio religioso y de tránsito religioso y comercial. El problema es que:
A: no conocemos la religiosidad tartésica.
B:no hay estructuras similares en Tarteso.
C: tenemos tendencia a establecer paralelismos con el sistema templo-palacial de Oriente, pero para que Cancho Roano sea un templo-palacio tiene que venir acompañado de una estructura urbana.
La única manera de entender a Cancho Roano es analizar el desarrollo de la periferia tartésica. Destacan depositos de armas relacionadas con el Bronce Atlántico. Cancho Roano está en medio de la ruta de la Vía de la Plata entre Tarteso y el área del Bronce Atlántico. En esta zona hay una serie de grupos que controlan el área. El ejemplo más significativo es el tesoro de la Visera, de época orientalizante. El único problema de Cancho Roano es que es un edificio aislado de un periodo corto de vida. Si lo vemos desde la perspectiva de reubicación de poblaciones en este área de transición, podemos entender a Cancho Roano. Le falta la estructura urbana para ser un templo-palacio. La hipótesis más pausible es la de un santuario rural. A la sacralización del espacio se le añade la santificación de los intercambios comerciales. Extremadura, en definitiva, es la periferia de Tarteso.
Estrabón
Buena parte de los estudios sobre Tarteso tienen el objetivo de recrear la época tartésica, perlo la información sobre Extremo Occidente no aparece apenas hasta la conquista romana. La parte sustancial la tenemos a partir de Estrabón. Un autor como Polibio, paradójicamente, no habla de Tarteso, sino de Turdetania y los turdetanos y eso colateralmente. Será Estrabón, en un contexto de implantación romana, quien recoja una larga realidad en el tiempo en el libro III de su Geografía. En el capítulo II habla de Tarteso. Evidentemente, aunque a Estrabón le interesa recuperar el tema de Tarteso, mantiene una actitud crítica con la asociación de Tarteso con el sur peninsular. A pesar de la distancia crítica, crea una topografía contemporanea asociada a Tarteso. Asocia Eritía con Cádiz y le da un grado de antigüedad. Estrabón parte de que los territorios de Turdetania eran el antiguo Tarteso. El criterio que él admite estas tradiciones es el mayor o menor grado de verosimilitud. Está construyendo la historia de Tarteso, asociándola con determinados mitos griegos. El mito de Heracles tiene más verosimilitud que el de Tártaro debido al alejamiento de este mito en la noche de los tiempos griega. El Tártaro pertenece a un tiempo cosmogónico que no tiene tiempo ni historia. Pero Estrabón reconstruye la historia de la Península a partir de Heracles y los heroes de la guerra de Troya. Es en este momento cuando cuando acaba la edad mítica y empieza la Historia. Detrás de Heracles y de los nostoi hay una conexión con la antigua Iberia. Estrabón sigue leyendo textos homéricos en clave histórica, ya que creía que Homero conocía las regiones occidentales. Habla del sur de la Península, donde había una gran civilización. Sin embargo, Tarteso es un instrumento con que pretende demostrar la gran civilización que florece en esa zona por dos motivos: la influencia del valle del Guadalquivir y las colonizaciones externas (fenicios, griegos, púnicos, romanos, etc...) Justifica esto asociando determinados griegos con Occidente. Lo que le interesa es remarcar que el grado de latinidad de la Bética se justifica porque la Turdetania tenía una tradición de civilización.
Colonización griega
El problema de la colonización griega es que buena parte de la arqueología hispana prerromana se ha dedicado a la colonización fenicia. A diferencia de Italia, donde destaca una escuela de helenistas, en nuestro país no tuvimos eso hasta hace poco y estos se dedican a la filología y están en el ámbito de las universidades catalanas. Durante muchos años la presencia griega ha sido ignorada o absorvida dentro de la colonización fenicia. La historiografía española se ha dedicado esencialmente a la colonización fenicia.
Hay dos factores que hacen un cambio. Destacan las excavaciones de los 80 en Huelva. Las excavaciones dieron una gran cantidad de cerámica griega arcaica. Esto tiene un problema: aparece sin estatigrafía. Esta presencia de material griego vino a alterar el status quo de la ignorancia del mundo griego. Además, los prehistoriadores españolas no estaban acostumbrados a estudiar fenómenos similares fuera de España. Los prehistoriadores se han quedado anclados en la similitud colonización-fundaciçom de colonias propiamente dichas. En los últimos años, la universidad española ha avanzado y se han empezado a estudiar fenómenos coloniales fuera de la Península Ibérica. El problema es la pobreza de ensayos españoles en revistas extranjeras. Esto ha generado una nueva interpretación de la colonización griega. Se está empezando a hablar de colonización oriental (griegos, jonios, tirios, sidonios, sirios, asirios, etc...) en vez de una colonización únicamente fenicia o griega. Los barcos fenicios contratarían a gente de diversos pueblos para sus viajes. De la misma manera que se habla de colonización oriental, se ha dejado de hablar de colonización griega.
La Península Ibérica es una zona colateral para los intereses griegos. Desde el siglo VIII a.C se fundaron colonias en Italia debido a los contactos comerciales desde el II Milenio a.C. Sin embargo, también se interesaron por la Península por su riqueza en metales. Solo en ese contexto se entiende la traslación de diversos mitos griegos a Occidente (saga de los nostois, los heroes que volvieron a Grecia tras la Guerra de Troya; la identificaión del Estrecho de Gibraltar con las Columnas de Hércules, diversos mitos de este semidios en la Península Ibérica, etc..) Todo este conjunto de mitos se utilizan como elementos de precedencia. (llega el heroe, ordena el espacio y llega el comercio). Se han hallado testimonios similares en Italia y Sicilia. Podemos verlos como una mitificación de algún vector comercial griego en época arcaica. Se ubican a heroes homéricos desde Cantabria hasta la desembocadura del Guadalhorce; en definitiva, la zona del Bronce Atlántico. Además, hallamos plata tartésica en Tiro, en santuarios griegos y en Himera (Sicilia). Esto quiere decir que había una ruta arcaica que iba desde Grecia a Tarteso (ruta del comercio septentrional del Mediterraneo). Tenemos que reinterpretar las referencias literarias a determinadas colonias griegas.
Apoikía: fundación colonial como tal solo hubo en Ampurias. Previamente, las fuentes atribuyen una colonización rodia y eubea que se han considerado fundaciones míticas. La atribución a Briareo de la formación del Estrecho de Gibraltar podría ser el testimonio de una frecuentación de las costas hispanas de eubeos junto con fenicios. Es posible que en época arcaica haya asentamientos griegos, como Mainake. Además, esa frecuentación se puede ver tanto en las ofrendas de origen tartésico en el templo de Hera en Samos. También es posible que hubiera barrios griegos en colonias fenicias. En Ampurias, en las zonas de frontera nos encontramos un santuario que marcaba la zona fronteriza entre territorio griego e indígena debido a que la divinidad garantizaba la equidad de los intercambios griegos. Esto se ha hallado también en Huelva y en Sicilia. Esto ha hecho reinterpretar las menciones a colonias como Hemeroskopeion, Aka Leukre o Mainake. Posiblemente las podemos estudiar caso por caso. Hemeroskopeion podría ser un punto de lla captura del atún entre los griegos y los indígenas. Mainake podría ser la homofonía griega de la Malaka fenicia. Muchos pueblos iberos presentan la homofonía griega. Es muy posible que esta situación de apoikías no lo fueran, sino que en realidad serían puertos de comercio. La toponimia mítica y heroica puede tener una lectura supersticiosa debido al carácter de los marineros.
Fundación griega de Ampurias
Ampurias fue fundada en el 590 a.C, 10 años después de la fundación de Massalia. La fundación de Ampurias, que es una fundación massaliota, responde a un intento por parte de Massalia de abarcar la parte meridional del golfo de León por razones de control, estratégico y económico. Massalia busca el acceso a determinados recursos a través de un eje de penetración hacia la Meseta que es el valle del Ebro.
Otro eje es el Ródano. Ampurias se funda en una islita (Paleopolis) y pocos años después se traslada a tierra firme (Neápolis). El propio nombre de Emporion ha dado bastante que hablar. Para un griego, una apoikía es una fundación propiamente dicha. A Ampurias se la conoce por ser un emporio (puerto para comerciar). ¿Es, por tanto, una ciudad? Hay un texto de Estrabón que dice que Ampurias era una ciudad dividida por una muralla y que por un lado vivían los griegos y por otro los indígenas. Esa muralla se echa abajo y la ciudad se convierte en una comunidad mixta regida por leyes "bárbaras" y griegas. Ampurias se ha fundado con participación indígena. Inicialmente,el paso de la paleopolis a la neapolis es el resultado de un pacto entre los indígenas y los griegos. Un siglo después, ese puerto termina convirtiéndose en una ciudad con un componente multicultural. La constitución de esa ciudad tiene que recoger leyes indígenas y griegas. En medio de la ciudad había un pequeño santuario que termina siendo absorvido por el hábitat urbano. En este contexto es como hay que entender la historia de Heródoto de los viajes focenses a Tarteso. Massalia y Ampurias son fundaciones focenses. En 495 a.C Focea cae en manos de los persas y en este contexto aparece el famoso santuario griego de Huelva y los griegos colocan un barrio en uno de los puertos de Tarteso. Esto supone la expansión del comercio griego en las costas atlántica y mediterranea ibérica. Como consecuencia de esto, se genera un área comercial que llega desde Huelva hasta los Pirineos. Los griegos entran de una manera más clara en un mercado desconocido de productos agrícolas.















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-- Franky y Coolflm, subiendole el ego a Falco Lombardi --
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